
En las costas orientales de Asia, bañadas por el Pacífico, emergen las tensiones entre dos naciones que han moldeado el desarrollo del continente y que hoy pugnan por el liderazgo. Japón, que observa cómo su principal rival geopolítico lo ha superado con creces, mira con nostalgia aquella época dorada en la que el país del “Sol Naciente” proyectaba su fuerza sin titubeos sobre sus vecinos. El increíble desarrollo de una China que ya mira cara a cara a la potencia estadounidense, sumado a un estancamiento económico que los nipones no han logrado resolver, ha dejado al antiguo imperio en una posición incómoda.
Sin embargo, la sociedad japonesa no piensa ceder. Sus gobernantes se mueven con el objetivo no solo de plantar cara a una China envalentonada, sino de reactivar su economía y retomar la posición de potencia que, para muchos, parece haber quedado en el olvido. Esto no es una tarea nimia: las dificultades son considerables. Una población severamente envejecida y un sistema político rígido ralentizan los pasos del gobierno nipón. Pero antes de analizar el presente, veamos cómo Japón ascendió hasta convertirse en la segunda potencia mundial y cuáles fueron las causas de su relativo declive.
El milagro japones
Tras la derrota del Eje en la Segunda Guerra Mundial, un Japón absolutamente devastado por el conflicto —y por la destrucción total de ciudades clave como eran Hiroshima y Nagasaki— quedó bajo una administración estadounidense que instauró una nueva Constitución pacifista en 1947.
Sin embargo, con la Guerra Fría recién estrenada y el estallido de la guerra de Corea en 1950, las prioridades de Estados Unidos cambiaron drásticamente. Lejos de ver en Japón un problema, Washington apostó por convertir el país en un contrapeso frente a la influencia comunista que la URSS consolidaba en Asia. Así, en 1952, Japón recuperó su independencia y comenzó a actuar como centro logístico estratégico, recibiendo grandes inyecciones de capital y pedidos militares. Esta apertura al mercado estadounidense sentó las bases de un crecimiento japonés que sería imparable durante las siguientes décadas.
Tras una fase inicial de imitación de modelos extranjero, el país nipón desarrolló un modelo de exportación de alto valor añadido —donde destacaban los productos de tecnología punta— que resultó en un crecimiento anual del PIB cercano al 10%. Este éxito cimentó una profunda modernización del tejido empresarial: el antiguo modelo industrial de los Zaibatsu fue sustituido por el de los Keiretsu.
Mientras que los Zaibatsu eran imperios familiares de estructura piramidal y rígida, los Keiretsu funcionaban como una sofisticada red de alianzas horizontales. En este nuevo sistema, el centro del poder se desplazó hacia un gran banco y unas compañías de comercio, manteniendo una estructura menos vertical y más flexible. Sin embargo, se preservaron los vínculos estratégicos clave: las empresas del grupo poseían acciones unas de otras (participaciones cruzadas), lo que las blindaba frente a interferencias externas y les permitía planificar a largo plazo. Esta simbiosis entre las empresas, los bancos y la dirección estratégica del Estado —orquestado por el MITI, una organización que creaba políticas industriales estratégicas y un proteccionismo selectivo— permitió que Japón funcionara como una maquinaria coordinada, priorizando la expansión tecnológica sobre el beneficio inmediato.
Este engranaje fue posible gracias al sistema político de la posguerra. Desde su fundación en 1955, el Partido Liberal Democrático (PLD) ha gobernado casi ininterrumpidamente, permitiendo una continuidad total en las políticas industriales del MITI y la coordinación de los Keiretsu. En este periodo, el bipartidismo de facto fue sinónimo de estabilidad y crecimiento sostenido, otorgando al país una hoja de ruta clara sin los vaivenes de la alternancia política.

Figura 1. La hegemonía del PLD desde 1955 convirtió a Japón en una democracia de partido único que garantizó la estabilidad industrial. Fuente: Jacobin, 2025.
A todo este entramado se le sumó una mano de obra altamente cualificada —fruto de la inversión en educación obligatoria heredada de la época Meiji— y una cultura del trabajo fundamentada en valores como la calidad total, la mejora continua y una férrea ética laboral. Estos elementos combinados alzaron al país en términos económicos, convirtiendo la etiqueta de “Made in Japan” en una etiqueta de excelencia global.
La consolidación del “Sol Naciente”
La racha de crecimiento ininterrumpido se vio sacudida en 1973 por la crisis del petróleo. Japón era extremadamente dependiente de los recursos energéticos del exterior, lo que golpeó fuertemente al país y lo obligó a realizar una reestructuración forzosa. Lejos de hundirse, la industria nipona reaccionó con una eficiencia asombrosa: se deslocalizaron las fábricas menos rentables hacia los incipientes “Tigres Asiáticos” —como eran Corea del Sur o Taiwán—, donde los costes de producción eran mucho menores, mientras el país se especializaba en sectores de alta tecnología y mayor rentabilidad. Esta resiliencia consolidó a Japón como una potencia capaz de dictar las reglas del mercado global.
El reconocimiento definitivo de su hegemonía en Asía llegó en 1985 con el Acuerdo del Plaza. En este pacto multilateral, las grandes potencias occidentales acordaron devaluar el dólar frente a otras monedas para equilibrar el comercio internacional. Esto resultó en una apreciación masiva del yen japonés, lo que convirtió a Japón en el principal acreedor mundial. Con una moneda extremadamente fuerte, los inversores nipones comenzaron a adquirir propiedades por todo el planeta, asentando al país como segunda potencia económica mundial. Japón ya no solo fabricaba para el mundo; ahora también era su principal inversor financiero.
El declive del modelo nipón
Sin embargo, las instituciones financieras no supieron gestionar esta inundación de capital y generaron una burbuja especulativa por el exceso de crédito y sobrevaloración de activos, la cual estalló a principios de la década de los 90.
Este colapso no fue solo financiero, sino que puso en evidencia los fallos del modelo japonés. El sistema de los Keiretsu y un panorama político dominado por el PLD —que en el pasado fueron sinónimos de estabilidad— se convirtieron en símbolos de inmovilismo político, económico y estructural. Este conservadurismo y la falta de renovación del sistema lastraron al país en sus intentos de revertir la situación. Aunque el modelo daba estabilidad, carecía de la resiliencia necesaria para adaptarse a un nuevo paradigma global.
A este bloqueo institucional se le sumaron problemas de fondo que terminaron por cronificarse: una demografía severamente envejecida, una natalidad en mínimos históricos y una tradicional resistencia a la inmigración. Incluso intentos posteriores de reforma, como las famosas “Abenomics” de Shinzo Abe, chocaron contra la rigidez de una sociedad reacia a cambios profundos, como la apertura a trabajadores extranjeros. Estos factores exacerbaron la crisis, sumergiendo a Japón en lo que se conoce como la “trampa de la deflación”, un estancamiento prolongado que permitió que sus vecinos comenzaran a ganarle la partida.

Figura 2. Shinzo Abe lideró el PLD intentando reformar la rigidez del sistema pero chocó de frente con el inmovilismo cultural japones. Fuente: Axios, 2022.
China sale del banquillo
La deslocalización de las fábricas japonesas permitió que los “Tigres Asiáticos” aprendieran de la industria nipona e impulsaran sus propias economías. Sin embargo, el caso de China fue excepcional: el gigante asiático se convirtió en el destino principal de las inversiones japonesas a partir de los años 90. China no solo absorbió una ingente cantidad de capital y tecnología, sino también procesos productivos clave, como los estándares de calidad japoneses y la gestión de cadenas de suministros, un área donde Pekín lograría un desarrollo infinitamente superior al del resto del mundo. Este acceso a la tecnología y a los mercados globales —de la mano de su histórico rival— facilitó su explosivo crecimiento económico.
Para saber más sobre el desarrollo de China, os dejo este otro artículo donde se resume el desarrollo económico chino:
Estados Unidos vs China: La Guerra Comercial y sus efectos sobre el panorama global
Mientras Japón se sumergía en las llamadas “décadas perdidas”, con un crecimiento raquítico de apenas 1% anual, China avanzaba a un ritmo vertiginoso que promediaba el 11% de crecimiento de PIB anual. Finalmente, en 2010, China sobrepasó oficialmente a Japón y se posicionó como la segunda economía del mundo.
Desde entonces, Pekín ha ido sustituyendo a Tokio como la potencia hegemónica en Asia mediante proyectos como la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI), financiando infraestructuras en terceros países y generando una red de dependencia a través de créditos estratégicos.
La nueva estrategia de Japón
El primer intento ambicioso de cambio llegó con Shinzo Abe y sus ya nombradas “Abenomics” durante su segundo mandato (2012-2020). Abe trató de aplicar estímulos fiscales, una política monetaria agresiva contra la deflación y reformas estructurales para abrir Japón al mundo. Sin embargo, la rigidez del mercado laboral y la resistencia histórica de la sociedad a la inmigración limitaron el impacto de estas reformas, impidiendo que el país recuperará el dinamismo de antaño.
Tras el asesinato de Shinzo Abe en 2022 y un periodo de inestabilidad con sucesivos cambios de liderazgo, la llegada de Sanae Takaichi a la jefatura de gobierno marca un punto de inflexión. Como pupila de Abe y primera mujer en ocupar el cargo, Takaichi busca llevar el legado de su maestro un paso más allá. Su hoja de ruta combina un discurso de soberanía rígido con la promesa de sacar a Japón de su letargo económico mediante una inversión masiva en defensa y tecnología punta. No obstante, su perfil conservador y su firmeza en política exterior genera dudas sobre si lograra la apertura necesaria para atraer el talento extranjero que el país necesita desesperadamente, o si su gestión profundizará el aislamiento de un Japón que se resiste a cambiar su esencia cultural a pesar de la presión de sus vecinos.

Figura 3. Como pupila de Abe, Takaichi impulsa unas Abenomics 2.0 que combinan inversión masiva y nacionalismo, aunque su perfil conservador genera dudas sobre la apertura necesaria para atraer talento extranjero. Fuente: The Edge Malasya, 2025.
En la actualidad, el gobierno de Takichi ha redoblado la apuesta por la seguridad económica, centrando sus esfuerzos en recuperar la soberanía tecnológica. Su administración está canalizando subsidios masivos hacia sectores estratégicos como los semiconductores de última generación o la inteligencia artificial, además de liderar una transformación digital largamente postergada en la administración pública. Asimismo, consciente del agotamiento del modelo anterior, ha impulsado medidas que han causado polémica en la sociedad nipona: una subida de impuestos para sostener el gasto en defensa y una apertura selectiva a trabajadores extranjeros cualificados.
En lo que a política exterior se refiere, a pesar de su propósito de fortalecer la autonomía estratégica de Japón, Sanae Takaichi ha profundizado su alianza con los Estados Unidos de Donald Trump, eje vertebrador de la seguridad nipona frente a China. La visión de la primera ministra es clara: Japón debe ser un socio fuerte, no un protectorado. Como ella misma ha afirmado:
«A menos que Japón pueda defenderse, su destino siempre estará a merced de la opinión superficial de Estados Unidos.» ~ Sanae Takaichi
Bajo esta premisa, Tokio ha reforzado su papel en el Quad —alianza entre Estados Unidos, Australia, India y Japón que busca servir de contrapeso contra Pekín en la región— y ha estrechado lazos bilaterales con otros bastiones regionales como Corea del Sur o Filipinas. El objetivo de todo esto es consolidar un control compartido sobre el Indo-Pacífico para contrarrestar la expansión del BRI de China.
Este giro implica abandonar gradualmente el pacifismo de la posguerra. El gobierno de Takaichi está impulsando la revisión del Artículo 9 de la Constitución —que limita las capacidades militares a la autodefensa—, aumentando drásticamente el gasto militar y adoptando una doctrina de “amenaza existencial” ante el ascenso de Pekín. En este tablero, Taiwán representa la línea roja definitiva. Takaichi ha sido tajante en lo que a este tema respecta: un ataque a la isla supondría una crisis de supervivencia para Japón, lo que obligaría a una intervención. Esta postura se sustenta en una cooperación implícita vital en materia de semiconductores y cadenas de suministro entre Japón y la isla de Formosa, desafiando la constante presión de China.
Lejos de ser habladurías, Japón ya ha demostrado que va en serio. Ante las recientes provocaciones chinas en el estrecho de Taiwán, la respuesta conjunta de Tokio y Washington no se hizo esperar. Y es que varios bombarderos estratégicos B-52 sobrevolaron zonas de influencia china enviando un mensaje inequívoco de que la alianza nipo-estadounidense está lista para actuar.
¿Qué futuro le depara al viejo imperio?
Como hemos visto, el futuro de Japón se juega en un precario equilibrio entre su rica tradición y una necesidad de adaptación que choca con un declive demográfico irreversible. Este factor limita enormemente la proyección real del país en el siglo XXI. Con una tasa de natalidad en mínimos históricos y una media de edad entre las más altas del mundo, Japón se enfrenta a una falta de mano de obra que ni la robótica avanzada ni la IA —aunque mitigan el impacto— logran solucionar por completo. Su histórico rechazo a la inmigración, que apenas representa un 2% de la población, ha terminado por blindar su identidad cultural a costa del dinamismo económico.

Figura 4. Las protestas contra la inmigración refleja la resistencia de una sociedad que prioriza la homogeneidad cultural sobre las reformas necesarias para frena el declive demográfico. Fuente: La Gaceta de la Iberosfera, 2025.
En el tablero geopolítico, Tokio se mantiene como el baluarte clave de Estados Unidos en el Indo-Pacífico, utilizando sus archipiélagos y su alianza con Taiwán para bloquear el acceso directo de China al Pacífico abierto. Sin embargo, esta posición lo deja en una situación de dependencia absoluta con Washington, cuya fiabilidad como socio estratégico genera una incertidumbre cada vez mayor.
Japón cuenta con un inmenso soft power —su cultura, tecnología y valores son admirados en todo el mundo—, pero la influencia cultural no puede sustituir a la fuerza demográfica o militar en un conflicto real. Sus vínculos con el Quad y sus alianzas con Filipinas, Corea del Sur y Europa son movimientos desesperados para ganar peso regional. Al final, la sentencia del país del “Sol Naciente” parece clara: mientras que su geografía le da la llave para ser un actor protagonista, su demografía y cultura amenazan con convertirlo en un espectador de su propio futuro.
Fuentes bibliográficas
BBC Mundo. (2025). Sanae Takaichi, la baterista de heavy metal y admiradora de Thatcher que se convierte en la primera mujer en liderar el gobierno de Japón. Recuperado el 17 de diciembre de 2025 de https://www.bbc.com/mundo/articles/cn7eg031x3jo
Descifrando la Guerra. (2021). Japón: idas y venidas. De la ruina al milagro llegando hasta la actualidad. Recuperado el 16 de diciembre de 2025 de https://www.descifrandolaguerra.es/japon-idas-y-venidas-de-la-ruina-al-milagro-llegando-hasta-la-actualidad/
Descifrando la Guerra. (2025). Takaichi no cede y la crisis entre China y Japón por Taiwán se intensifica. Recuperado el 17 de diciembre de 2025 de https://www.descifrandolaguerra.es/takaichi-crisis-china-japon-taiwan-intensifica/
El Orden Mundial. (2017). El milagro económico de Japón. Recuperado el 16 de diciembre de 2025 de https://elordenmundial.com/el-milagro-economico-de-japon/
García, A. (2022). El “milagro” económico japonés y los dragones asiáticos. Dialnet, Universidad de La Rioja. Recuperado el 16 de diciembre de 2025 de https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=9563383
NHK WORLD-JAPAN. (2025). Japan-US-South Korea cooperation in the Indo-Pacific. Recuperado el 17 de diciembre de 2025 de https://www3.nhk.or.jp/nhkworld/en/news/20251022_02/
The Diplomat. (2025). Japan reacts to the new US National Security Strategy. Recuperado el 16 de diciembre de 2025 de https://thediplomat.com/2025/12/japan-reacts-to-the-new-us-national-security-strategy/
The New York Times. (2025). China apela a las alianzas de la Segunda Guerra Mundial y busca apoyo en Europa contra Japón. Recuperado el 16 de diciembre de 2025 dehttps://www.nytimes.com/es/2025/12/03/espanol/mundo/china-taiwan-japon.html
The Wall Street Journal. (2011). China overtakes Japan as world’s second-biggest economy. Recuperado el 17 de diciembre de 2025 de https://www.wsj.com/articles/SB129764486809886243
Radio Universidad de Chile. (2025). La revolución de la ‘Dama de Hierro’ japonesa: repliegue financiero global y giro militar que choca con Pekín. [Fotografía]. Recuperado el 27 de diciembre de 2025 de https://radio.uchile.cl/2025/11/20/la-revolucion-de-la-dama-de-hierro-japonesa-repliegue-financiero-global-y-giro-militar-que-choca-con-pekin/
Figura 1. Jacobin Latinoamérica. (2025). La crisis de identidad del Partido Liberal Democrático de Japón. [Fotografía]. Recuperado el 27 de diciembre de 2025 de https://jacobinlat.com/2025/12/la-crisis-de-identidad-del-partido-liberal-democratico-de-japon/
Figura 2. Axios. (2022). Former Japanese Prime Minister Shinzo Abe dies after being shot during speech. [Fotografía]. Recuperado el 27 de diciembre de 2025 de https://www.axios.com/2022/07/08/former-japanese-prime-minister-collapses-during-speech
Figura 3. The Edge Malaysia. (2025). Japan’s economic shift and the challenges of the new administration. [Fotografía]. Recuperado el 27 de diciembre de 2025 dehttps://theedgemalaysia.com/node/775090
Figura 4. La Gaceta de la Iberosfera. (2025). Desaparecidos cuatro miembros de una familia española en un naufragio en Indonesia. [Fotografía]. Recuperado el 27 de diciembre de 2025 dehttps://gaceta.es/mundo/desaparecidos-cuatro-miembros-de-una-familia-espanola-en-un-naufragio-en-indonesia-20251227-1340/

Deja un comentario