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El Acuerdo Unión Europea-Mercosur: Soberanía económica y un nuevo contrapeso para Pekín

Tras más de un cuarto de siglo de espera, el acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y el Mercosur está más cerca que nunca de hacerse realidad. Fuente: elDiario.es, 2025.

En un contexto internacional marcado por el auge del proteccionismo y la fragmentación del comercio global, dos de los mayores bloques económicos del planeta se encuentran más cerca que nunca de cerrar uno de los acuerdos de libre comercio más ambiciosos de las últimas décadas. El pasado 17 de enero, ambos bloques se reunieron y firmaron, tras más de un cuarto de siglo de negociaciones, la creación de este espacio comercial. El Acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea daría lugar a un mercado integrado de más de 750 millones de personas, con el potencial de dinamizar las economías de ambos bloques y reforzar su peso estratégico en un escenario internacional cada vez más competitivo y hostil.

No obstante, como ocurre en todo gran tratado comercial, este no está exento de resistencias. Tras la firma, el Parlamento Europeo remitió el acuerdo al Tribunal de Justicia para evaluar su conformidad con la legislación vigente, en un intento desesperado de los opositores del acuerdo para evitar su entrada en vigor. En el seno de la Unión Europea, países como Francia o Polonia expresan su preocupación por el impacto que la apertura comercial podría tener sobre sectores clave, especialmente la agricultura. Por su parte, en Sudamérica persisten los temores sobre los efectos del acuerdo en el tejido industrial local y sobre las exigencias regulatorias y medioambientales impuestas por Bruselas, percibidas por algunos como barreras encubiertas al comercio.

Así, ante lo que podría convertirse en uno de los acuerdos comerciales más relevantes del panorama actual, resulta imprescindible analizar en profundidad los intereses, tensiones y contradicciones que subyacen en el acuerdo Mercosur-Unión Europea.

Tres décadas de reuniones infructuosas

En 1991, Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay se unieron para fundar el Mercado Común del Sur (Mercosur), una iniciativa de integración regional orientada a la creación de un espacio económico común. El objetivo del bloque, al cual se acabaría adhiriendo Bolivia como miembro pleno en 2024, era fomentar las oportunidades comerciales y de inversión mediante la inserción conjunta y competitiva de las economías nacionales en el mercado internacional.

Para ello, los Estados miembros se comprometieron a avanzar hacia la libre circulación de bienes, servicios y factores productivos entre los países del bloque, a establecer un arancel externo común frente a terceros y a coordinar políticas macroeconómicas y sectoriales. Asimismo, se crearon órganos de decisión supranacionales, entre los que destaca el Consejo del Mercado Común, encargado de la conducción política del proceso de integración.

Figura 1. Mapa de los países que integran el bloque Mercosur. Venezuela (en rojo) fue suspendido como miembro en 2017 de manera indefinida. Fuente: Wikipedia, 2024.

En 1995, la Unión Europea y el Mercosur firmaron en Madrid el Acuerdo Marco Interregional de Cooperación, que entraría en vigor en 1999. Este tratado sentó las bases para el establecimiento de un diálogo político estructurado y para el fortalecimiento de la cooperación económica y comercial entre ambos bloques.

Ese mismo año, y a partir del marco institucional creado, la UE y el Mercosur iniciaron las negociaciones para un acuerdo de asociación mucho más ambicioso, que incluía la creación de una zona de libre comercio. No obstante, el proceso negociador ha permanecido bloqueado durante décadas debido a múltiples factores, como las tensiones proteccionistas —especialmente en el sector agrícola—, las asimetrías entre ambas regiones y la falta de voluntad política en determinados momentos.

Como resultado, más de veinticinco años después del inicio de las negociaciones, el acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur sigue sin haber entrado en vigor.

¿Qué supone el Acuerdo Mercosur-UE?

El núcleo del acuerdo reside en la eliminación progresiva de cerca del 90% de las barreras arancelarias a las importaciones entre ambos bloques, lo que facilitaría el comercio de bienes, ampliaría el acceso a los mercados y fomentaría la inversión extranjera en las economías nacionales. Como resultado, se avanzaría hacia la creación de una de las mayores zonas de libre comercio del mundo, que abarcaría a más de 750 millones de personas.

Figura 2. Algunos de los aranceles que Mercosur eliminaría a los productos europeos cuando el acuerdo entrase en vigor. Fuente: CEOE, 2025.

Más allá de la reducción de aranceles, el acuerdo favorecería la integración de cadenas de valor entre la UE y el Mercosur, permitiendo a ambos bloques mejorar su competitividad en un mercado global cada vez más fragmentado y dominado por la rivalidad entre grandes potencias. Esta interdependencia productiva no solo tendría efectos económicos, sino también estratégicos, al reducir la dependencia de terceros actores y reforzar la autonomía relativa de ambas regiones.

En el plano geopolítico, el tratado enviaría una señal clara contra el auge del proteccionismo y contribuiría a reforzar un sistema de comercio internacional basado en normas, reglas y estándares, tradicionalmente promovido por la Unión Europea. En este sentido, el acuerdo no debe entenderse únicamente como un instrumento económico, sino como una herramienta de proyección de poder normativo y de influencia global.

Actualmente, el comercio bilateral entre ambos bloques supera los 111.000 millones de euros en bienes y los 42.000 millones en servicios, mientras que, en conjunto, la UE y el Mercosur representan en torno a una cuarta parte del PIB mundial, lo que subraya la magnitud económica y la relevancia estratégica del acuerdo.

Quiénes ganan con la firma del acuerdo

Entre los principales beneficiados de la eventual entrada en vigor del acuerdo se encuentran los sectores de la industria, el lujo y la excelencia gastronómica europeos.

En primer lugar, el sólido músculo industrial europeo —con sectores como el automotriz, la maquinaria, la industria química y la farmacéutica considerablemente más desarrollados que los de Sudamérica— obtendría un acceso preferente a un mercado amplio y en expansión, especialmente en los segmentos de mayor valor añadido, donde la competencia local es más limitada, beneficiando de forma destacada a economías como la alemana, la española o la belga.

A continuación, el sector del lujo europeo se perfila como otro de los grandes ganadores. Productos como la alta costura, los accesorios de lujo o el calzado de gama alta verían suprimidos unos aranceles que actualmente encarece notablemente su comercialización en el subcontinente, dificultando su inserción en el mercado.

Por último, los productos agroalimentarios europeos considerados como “despensa premium” también resultarían especialmente favorecidos. Además de la reducción arancelaria, el acuerdo reforzaría la protección de las indicaciones geográficas, blindando la denominación de origen de estos productos y limitando las imitaciones y falsificaciones.

Figura 3. El aceite de oliva, el vino o el queso son algunos de los productos europeos que quedarían libres gracias al acuerdo. Fuente: Lanza Digital, 2021.

Por su parte, en Sudamérica, los principales beneficiados serían los sectores vinculados a la agricultura y la ganadería. La producción cárnica del Mercosur, caracterizada por grandes volúmenes, economías de escala y menores costes de producción que los europeos, obtendría un acceso privilegiado al mercado de la Unión Europea, lo que permitiría ofrecer precios altamente competitivos y favorecería especialmente a países como Argentina, Uruguay y Brasil.

Asimismo, la creciente necesidad europea de asegurar el suministro de materias primas agrícolas y energéticas abriría amplias oportunidades para los productores sudamericanos. Destacan en este ámbito las exportaciones de soja y maíz, así como el etanol brasileño y recursos estratégicos como el litio argentino, cada vez más relevantes en el contexto de la transición energética.

Además, la estructura productiva del sector agroalimentario sudamericano —basada en explotaciones de gran escala y una elevada concentración empresarial— contrasta con el modelo europeo, dominado por explotaciones medianas y familiares. Esta diferencia estructural se traduce en costes de producción significativamente más bajos, lo que refuerza la competitividad de los productos sudamericanos frente a los europeos.

Figura 4: La inmensidad de la ganadería argentina representa la eficiencia de las economías de escala frente al modelo familiar europeo. Fuente: Farmquip, 2020.

Pero, más allá de los sectores y países concretos, los grandes ganadores por la entrada en vigor del acuerdo serían ambos bloques en su conjunto. La creación de un mercado integrado de más de 750 millones de personas, la reducción de precios para los consumidores tanto de la UE como del Mercosur y la diversificación de las relaciones comerciales reforzarían el eje atlántico, al tiempo que contribuirían a reducir la elevada dependencia de terceros actores, especialmente de China. Además, la UE se beneficiaría de un acceso más fácil a materias primas estratégicas —como litio, tierras raras o cobre— mientras que el Mercosur obtendría prestigio, inversión extranjera y oportunidades de transferencia tecnológica.

Por otra parte, el acuerdo otorgaría a ambos bloques una notable capacidad para fijar las reglas del comercio internacional. Al conformar uno de los mayores espacios económicos del mundo, la UE y el Mercosur estarían en posición de establecer estándares regulatorios, normativos y comerciales que terceros países y empresas se verían obligados a cumplir para acceder a su mercado, reforzando así su influencia económica y política a escala global.

Los grandes damnificados

Como es lógico, los principales perdedores del acuerdo serían, en gran medida, las contrapartidas de los sectores ganadores en el bloque opuesto: el sector industrial en Sudamérica y el sector agrícola y ganadero en Europa.

En el caso europeo, el acuerdo genera un profundo rechazo entre amplios sectores de la agricultura tradicional. Los agricultores y ganaderos alertan de una competencia que consideran desleal, especialmente en ámbitos como la producción cárnica y el azúcar, donde las explotaciones medianas y familiares europeas difícilmente pueden competir con las producciones a gran escala del Mercosur.

A esta diferencia de costes se suma, según denuncian, el desigual cumplimiento de las exigentes normativas europeas en materia sanitaria, medioambiental y de bienestar animal, lo que incrementa los costes de producción en Europa y amplía aún más la brecha competitiva. En este contexto, muchos productores temen que los subsidios de la Política Agraria Común no sean suficientes para compensar el impacto de la liberalización comercial, lo que se suma a que la agricultura es uno de los sectores más protegidos y regulados de la UE, explicando así la intensidad de la oposición y la elevada sensibilidad política ante cualquier intento de apertura de mercado.

Figura 5: El sector agrario y ganadero, históricamente protegido en Europa, despliega su gran influencia política mediante movilizaciones masivas para enviar un mensaje de rechazo frontal al acuerdo con el Mercosur. Fuente: BBC, 2024.

Para los integrantes del Mercosur, su principal preocupación radica en la brecha tecnológica que existe con Europa en sectores clave, como la metalurgia, la maquinaria textil o los componentes eléctricos. Analistas sudamericanos advierten sobre el riesgo de “primarización”, es decir, de convertirse en exportadores de productos de bajo valor añadido, con poco margen de desarrollo industrial.

Otro punto conflictivo es la apertura de contratación pública a empresas europeas. En este marco, grandes constructoras y empresas de servicios de países como España podrían ampliar su presencia en la región, lo que desplazaría a empresas locales y limitaría el crecimiento de ciertos sectores estratégicos del Mercosur.

Por último, aunque China continuará teniendo una presencia importante en ambos bloques, el acuerdo supondría un debilitamiento de su exclusividad en Sudamérica, donde hasta ahora ha sido el socio comercial número uno, y reduciría su influencia relativa tanto en la región como en el comercio con la UE. Además, la armonización de normas y estándares dentro del bloque podría generar una “guerra de estándares” que obligaría a China a adaptarse para mantener su acceso a estos mercados.

Por su parte, Estados Unidos, cuya administración bajo Donald Trump ha mostrado hostilidad hacia la UE y el multilateralismo, tampoco vería con agrado esta consolidación de un eje atlántico reforzado y normativamente cohesionado.

Dificultades y barreras para el acuerdo

Las principales resistencias al acuerdo provienen del sector agrícola y ganadero europeo. Se han registrado huelgas masivas en Francia, Polonia y Bélgica, donde este tipo de sectores cuenta con mayor fuerza y visibilidad. Por ello, el presidente francés, Emmanuel Macron, se ha posicionado desde el principio como la figura política más activa en la oposición al acuerdo, principalmente debido a la intensa presión recibida desde su país. Junto con Polonia y otros Estados miembros, ha tratado de bloquear el acuerdo y, aunque finalmente se firmó el 17 de enero, logró que fuera remitido al Tribunal de Justicia de la UE para su revisión, ganando así tiempo antes de su posible entrada en vigor.

Figura 6. Tras una votación muy ajustada, el acuerdo fue elevado al Tribunal de Justicia de la Unión Europea, donde se estudiará la legalidad y la coherencia del mismo. Fuente: BBC, 2018.

Desde el Mercosur, además del temor a la “primarización” y a la apertura de la contratación pública de empresas europeas, el acuerdo ha recibido críticas, especialmente desde Brasil, por el llamado “proteccionismo verde” de la UE. Según los detractores, las exigencias medioambientales europeas podrían funcionar como herramienta para limitar la competitividad del bloque sudamericano, argumentando que las estrictas regulaciones medioambientales de la UE actúan como barreras al comercio y preservan su ventaja histórica.

Repercusiones geopolíticas

Como hemos comentado, este acuerdo puede actuar como un freno frente a China, al permitir la irrupción de Europa en el mercado sudamericano y reducir la posición de China como socio número uno, al tiempo que otorga mayor autonomía estratégica a ambos bloques mediante la diversificación de importaciones.

Desde la Unión Europea, cabe destacar la posición de España, que se ha convertido en un intermediario clave en las relaciones con el Mercosur. Como líder diplomático, ha impulsado políticamente el acuerdo y se consolida como hub logístico y empresarial, siendo la puerta de entrada de las exportaciones sudamericanas hacia Europa.

Al mismo tiempo, se expande lo que podría denominarse el efecto “Bruselas”, es decir, la exportación del modelo de gobernanza y estándares de la UE a terceros países. Si finalmente el acuerdo entrase en vigor, supondría, sin duda, un golpe sobre la mesa frente al auge del proteccionismo, reforzando la autonomía estratégica y la influencia global de ambos bloques.

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Fuentes bibliográficas

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