,

La India de Modi: Ultranacionalismo hindú y desarrollismo en la creación de «Bharat»

Con la identidad hindú, la fe y el desarrollo como pilares, Narendra Modi redefine el destino del país más poblado del mundo con el objetivo de construir su deseada «Bharat». Fuente: Asia Times, 2025.

Lejos de ser un fenómeno exclusivo de Occidente, el auge de líderes outsiders que conquistan el poder nacional es una tendencia global que encontró en el Océano Índico a uno de sus pioneros. Hablamos de la India, un gigante que rompió con su inercia política hace poco más de una década.

El agotamiento de una estructura dinástica y una burocracia excesiva facilitó el ascenso de un nacionalismo de masas bajo la figura de Narendra Modi. Mediante el liderazgo personalista que amalgama misticismo religioso y pragmatismo económico, Modi ha logrado lo que parecía imposible: desmantelar la hegemonía de la dinastía Nehru-Gandhi y unificar la población —superando fracturas de casta milenarias— bajo el manto de la identidad hindú.

Siendo ya el país más poblado del planeta y con una expansión económica imparable, resulta imperativo comprender los engranajes internos del gran rival regional de China. Para entender hacia dónde se dirige este coloso, debemos analizar su política reciente y la figura de Modi, el líder que cada vez se acerca más a su sueño de convertir India en “Bharat”.

Democracia unifamiliar

Tras la independencia de India en 1947, Jawaharlal Nehru —fiel aliado de Mahatma Gandhi—, consolidó la hegemonía del partido Congreso Nacional Indio (INC), que gobernó durante décadas. Su proyecto de nación se sostuvo sobre tres pilares: una modernización económica que buscó transformar una estructura agraria en una potencia industrial; un laicismo distinto al occidental —donde sólo se separaba la Iglesia del Estado—, el Sarva Dharma Sambhava (igual respeto a todos los credos), que a la postre erosionaría la base electoral del partido; y una política exterior cimentada en el Movimiento de Países No Alineados. Si bien esta última otorgó a la India una autoridad moral alta, fue también la culpable de sumir al país en un aislamiento geopolítico que sería crítico más adelante.

El mandato de Nehru se caracterizó también por una asfixiante burocracia que los indios irónicamente bautizaron como “License Raj”, en clara alusión a la opresión vivida bajo el Raj Británico. El Estado imponía innumerables cuotas y licencias donde el gobierno decidía qué, cuánto y a qué precio se producía. Este intervencionismo precipitó una corrupción estructural, haciendo del favor político una moneda de cambio imprescindible para cualquier actividad económica. El resultado fueron décadas de crecimiento insuficiente (en torno al 3%), inferior al aumento demográfico y conocido despectivamente como el “crecimiento hindú”, lo que provocó una masiva fuga de cerebros que dejó al país sin su mejor talento.

Tras el fallecimiento de Nehru en 1964 y la repentina muerte de su sucesor, Lal Bahadur Shastri, en 1966, el partido decidió entregar el mandato a Indira Gandhi. Hija de Nehru, Indira se había casado unos años antes con Feroze Gandhi —quien cambio su apellido a Gandhi por estrategia política—. La vieja guardia del Congreso, el llamado “Sindicato”, la colocó en el poder pensando que sería fácil de manipular. Sin embargo, al llegar al poder, Indira eliminó a los miembros del “Sindicato”, se rodeó de leales y transformó el INC en un partido personalista centrado en su figura.

Figura 1: Jawaharlal Nehru junto a su hija Indira Gandhi, la sucesora que transformo el partido de su padre en una estructura de poder personalista y familiar. Fuente: The Caravan, 2014.

La popularidad de Indira Gandhi comenzó a declinar al ser incapaz de resolver los problemas estructurales del país. En 1975, tras ser acusada de malas prácticas electorales y castigada con la inhabilitación política, Indira decidió huir hacia adelante e impuso un Estado de Emergencia, asumiendo el control total del país. Persiguió a la oposición y amordazó a los medios bajo una censura férrea.

Dos años después, en 1977, convencida de que el pueblo la apoyaba, convocó unas elecciones que perdió estrepitosamente ante el Janata Party. Sin embargo, esta coalición de circunstancias fue incapaz de consensuar una agenda común, colapsando por sus propias rencillas internas y dejando el camino libre para el regreso triunfal de Indira en 1980.

Pero el destino de la dinastía estaba marcado con sangre. En 1984, Indira fue asesinada, siendo sucedida por su hijo, Rajiv Gandhi. Su mandato, manchado por escándalos de corrupción masivos —como el caso Bofors—, terminó de forma similar en 1991, cuando fue asesinado a manos de terroristas tamiles.

Tras el vació dinástico, India atravesó años de gobiernos técnicos e inestabilidad que permitieron el crecimiento de la derecha hindú. Así, en 1998, el Bharatiya Janata Party (BJP) alcanzó el poder con Atal Bihari Vajpayee. Aunque gobernaron durante seis años, un excesos e confianza en su campaña le devolvió a la oposición en 2004. El INC recuperó el mando con Sonia Gandhi —nuera de Indira— moviendo los hilos en la sombra. Sin embargo, una década de corrupción sistemática e inflación galopante terminó por aniquilar electoralmente al partido, despejando el ascenso definitivo del BJP y su actual líder: Narendra Modi.

Ultranacionalismo y té

Con un origen extremadamente humilde —hijo de un vendedor de té en una remota estación de tren—, Narendra Modi se proyecta como un outsider que ha conquistado un espació político que por casta y cuna, no le pertenecía. Su disciplina no nació en las aulas, sino en el Rastriya Swayamsevak Sangh (RSS), organización a la que se unió con tan solo ocho años. El RSS, una estructura de cuadros ultranacionalista y paramilitar, se convirtió en su verdadera familia y moldearon su cosmovisión.

Figura 2. El RSS (1925) es la matriz paramilitar del nacionalismo hindú de extrema derecha. Sus milicias, armadas con bastones, son las principales señaladas por instigar la violencia sectaria contra la comunidad musulmana. Fuente: DW, 2018.

Modi ascendió hasta convertirse en “Pracharak” —propagandista a tiempo completo—, un rol que exige una entrega absoluta a la organización y el celibato. Aunque contrajo matrimonio en su juventud, nunca llegó a ejercerlo, viviendo una vida de soltero dedicado exclusivamente a la organización. Este “sacrificio” personal, es hoy una de sus mayores armas políticas, ya que utiliza el discurso de que “no tiene una familia a la que enriquecer” para reclamar una autoridad moral incontestable frente a los Gandhi.

Su misticismo se terminó de fraguar en su juventud, cuando abandonó todo para viajar al Himalaya, donde estuvo a punto de convertirse en monje. Esto se refleja en la actualidad en una ideología nacionalista no solo política, sino religiosa y existencial.

El BJP, nacido en 1980 como el brazo político del RSS, fue el vehículo de su ascenso. Tras trece años como Gobernador de Gujarat (2001-2014) —un periodo marcado por el crecimiento económico y la fractura social—, Modi logró vencer las resistencia interna de su propio partido, que no ponía muchas esperanzas en el hijo del vendedor de té. Sin embargo, en 2014, Modi se presentó a las elecciones como el redentor de una nación que reclamaba su identidad y aplastó electoralmente al maltrecho INC.

El “Modelo Modi”

Narendra Modi ha cimentado un liderazgo paternalista, basado en la interlocución directa y sin intermediarios entre el líder y “el pueblo”. Su narrativa es profundamente moralista y antipluralista: una dicotomía donde la virtud reside en la mayoría hindú y la maldad en unas élites políticas desconectadas de la realidad social del país.

Para maximizar este impacto, Modi fue pionero global en el uso de las redes sociales. A través de ellas, proyecta una imagen de asceta incorruptible mientras utiliza símbolos tradicionales que mitifican su figura. Un hito de esta estrategia fue el uso masivo de hologramas en su campaña de 2012-2014, lo que fue una demostración de fuerza tecnológica que le permitía estar en cientos de mítines simultáneamente, llegando a regiones remotas del enorme subcontinente y reforzando una imagen de casi divinidad.

Figura 3. La apuesta de Modi por la tecnología de hologramas refleja su éxito al fusionar el misticismo de la identidad hindú con las herramientas de comunicación más avanzadas del siglo XXI. Fuente: El Heraldo de Aragón, 2014.

Este estilo se forjó en Gujarat, lugar de nacimiento de Modi y región qué, como antes decíamos, estuvo gobernada por él trece años. Su gestión impulsó un crecimiento económico acelerado que Modi ha vendido al resto de India como un milagro de eficiencia, ganándose el apodo de Vikas Purush (el Hombre del Desarrollo). Sin embargo, este modelo se sustenta en un “capitalismo de amigos”, donde ciertos conglomerados empresariales cercanos al poder monopolizan sectores clave a cambio de apoyo logístico y financiero.

No obstante, el pilar más vistoso de su etapa en Gujarat fue la cristalización de su nacionalismo étnico. La crispación social alcanzó su punto crítico en 2002, tras una serie de disturbios sectarios que se cobraron la vida de cerca de 2.000 personas, en su gran mayoría musulmanes. Lejos de desgastarlo, Modi utilizó esta tragedia para consolidar su base electoral, posicionándose desde entonces como el “protector de los hindúes” frente a supuestas amenazas internas, un rol que ha trasladado con éxito a la política nacional.

La reinvención de la nación

Uno de los pilares maestros —si no el núcleo central— de la arquitectura política de Narendra Modi es la ideología Hindutva, que busca transmutar la democracia liberal heredada de Nehru en una “democracia étnica”, como la denomina el politólogo Christophe Jaffrelot. Esta transformación tiene su máxima expresión simbólica en el impulso por renombrar oficialmente al país como “Bharat”. Para Modi y el RSS, “India” es una imposición colonial, mientras que “Bharat” evoca la esencia de un Estado hindú que preexiste a cualquier invasión. 

Esta visión, impulsada por la simbiosis entre Modi y el RSS, abraza las llamadas “religiones dhármicas” —aquellas nacidas en suelo indio, como el hinduismo, el budismo o el sijismo— mientras estigmatiza como foráneas a aquellas de origen exterior, principalmente el cristianismo y, de forma mucho más agresiva, el islam.

Desde 2014, esta visión ha cristalizado en una discriminación institucional dirigida hacia los casi 200 millones de musulmanes —un 14-15% de la población—. Legislaciones como la Enmienda de Ciudadanía (CAA) de 2019, que utiliza la fe como filtro para la naturalización de la discriminación, son ejemplos claros de esta presión estatal que busca revertir a las minoría en ciudadanos de segunda categoría.

Modi utiliza magistralmente el “poder blando” cultural para normalizar este nacionalismo. Desde la institucionalización global del Yoga —que el mandatario práctica y promociona diariamente— hasta la restauración de templos y el uso de vestimenta tradicional, cada gesto está diseñado para saturar el espacio público de simbología hindú. No es solo estética, sino una estrategia para que el nacionalismo identitario penetre en el hablar popular y en la vida cotidiana.

Figura 4. A través de la promoción del yoga, Modi logra que el nacionalismo identitario trascienda lo puramente político para convertirse en una herramienta de cohesión social y normalización estética en todo el país. Fuente: Franchise India, 2017.

En este engranaje, el RSS actúa como el brazo ejecutor, proveyendo la disciplina y los cuadros que sostienen al BJP. Bajo el amparo del gobierno, se ha denunciado que Modi ignora o permite el vigilantismo de grupos paramilitares —como las patrullas de protección de vacas— que amedrentan a las minorías.

Sin embargo, el logro más disruptivo de Modi ha sido la “democratización del nacionalismo”. Históricamente, el Hindutva era un proyecto de las élites, pero Modi ha sabido manejar la compleja realidad social del país. Aunque la constitución de 1950 abolió formalmente la discriminación por casta y la “intocabilidad”, el sistema persiste de forma informal como una jerarquía social profundamente arraigada. Modi —perteneciente él mismo a una casta baja— ha logrado romper esas barreras electorales milenarias. Ha unificado a las castas inferiores bajo una identidad común superior: la hindú. Al presentarse como el defensor de la fe frente a un “enemigo interno”, Modi ha creado un bloque electoral casi imbatible, absorbiendo el voto que antes se dispersaba en partidos regionalistas de casta. Para el primer ministro Modi, el Hindutva es el pegamento que tapa las grietas sociales de la India para proyectar, hacia dentro y hacia fuera, la imagen de un bloque monolítico.

La geopolítica de la “Bharat” de Modi

Si la política interna de Modi ha buscado la cohesión identitaria, su proyección exterior ha roto con los dogmas del pasado. Mientras que Nehru fomentó la doctrina Panchsheel —basada en la coexistencia pacífica y un no-alineamiento que a menudo derivó en pasividad—, Modi ha ejecutado un giro radical hacia el realismo estratégico. India ya no busca ser un observador moral del mundo, sino un polo de equilibrio independiente. Bajo la premisa de la “Autonomía Estratégica”, Nueva Delhi se relaciona con todas las grandes potencias de forma transaccional, extrayendo el máximo beneficio de cada una sin perder su soberanía en alianzas rígidas.

La principal preocupación de Nueva Delhi es China, considerada una amenaza de seguridad nacional debido a la asimetría de poder con Pekín. Por un lado, China ejerce un control absoluto sobre las reservas hídricas del Tíbet, que nutren una parte importante de India. Si China decidiera manipular estas corrientes mediante megapresas, podría reducir hasta el 85% el caudal en época seca, provocando una crisis sin precedentes en el país. Asimismo, Nueva Delhi es el principal detractor de la iniciativa china de “La Franja y La Ruta” (BRI), alegando que es una herramienta de neocolonialismo y una “trampa de deuda” que vulnera la soberanía de los países.

Frente a esto, India apuesta por el multialineamiento para preservar su autonomía estratégica. Nueva Delhi juega en todos los tableros: es cofundadora de los BRICS, pero simultáneamente es un miembro clave del QUAD —junto a EE.UU., Japón y Australia—, un bloque de seguridad diseñado específicamente para contener la expansión china en el Indo-Pacífico.

En este equilibrio destaca su relación con la Unión Europea, con la que en enero de 2026 ha ratificado un histórico acuerdo de libre comercio. La pieza fundamental de este pacto es el corredor IMEC (India-Middle East-Europe Economic Corredor), una infraestructura estratégica que unirá los puertos indios con los europeos a través de Oriente Medio. El IMEC más que una simple ruta comercial, es una respuesta directa de la UE e India al BRI chino, diseñado para reducir su dependencia de cadenas de suministros chinas.

Figura 5. Mapa del recorrido planeado para el corredor IMEC, que conectará los puertos de India, Oriente Medio y Europa. Fuente: Radas Austral, 2023.

Respecto a Rusia, Modi es pragmático. Dado que entre el 60% y el 70% del armamento indio es de origen ruso, una ruptura con Moscú dejaría al país vulnerable frente a China y Pakistán. Además, India ha aprovechado el crudo ruso con descuento para contener la inflación interna, aunque en estos momentos negocia con la UE y EE.UU. para diversificar sus fuentes energéticas. Para Nueva Delhi, mantener a Rusia de su lado es vital para mantener un equilibrio de poder en Eurasia frente al auge de China.

Finalmente, Modi busca erigirse como el Vishwa Guru (Voz del Sur Global). Tras el éxito del G20 de Delhi, donde facilitó la entrada de la Unión Africana, India se posiciona como el “traductor” de las necesidades del Sur Global. Frente al modelo extractivo Chino, Modi propone el lema Vasudhaiva Kutumbakam (El mundo es una familia), un liderazgo basado en la cooperación civilizatoria.


Bajo el mando de Narendra Modi, la India ha dejado de ser un actor secundario para convertirse en un polo de poder indispensable. Aquel hijo de un vendedor de té no solo ha transformado las estructuras internas del país más poblado del mundo mediante el nacionalismo hindú, sino que ha redefinido el tablero geopolítico. Con unas ambiciones a la altura de su peso demográfico, Modi busca consolidar su visión de “Bharat” y posicionar a la India en un rol más central dentro del contexto internacional.

Deja un comentario

Fuentes bibliográficas

Descifrando la Guerra. (2026). Unión Europea e India: hacia una nueva era de acuerdos. Recuperado el 14 de marzo de 2026 de https://www.descifrandolaguerra.es/union-europea-india-acuerdos/

Descifrando la Guerra. (2024). Las elecciones indias frenan el proyecto Hindutva de Narendra Modi. Recuperado el 13 de marzo de 2026 de https://www.descifrandolaguerra.es/las-elecciones-indias-frenan-el-proyecto-hindutva-de-narendra-modi/

El Orden Mundial. (2024). ¿Qué es el Hindutva? Recuperado el 13 de marzo de 2026 de https://elordenmundial.com/que-es-hindutva/

El Orden Mundial. (2025). En la mente de Narendra Modi [Episodio de podcast]. En No es el fin del mundo. Recuperado el 13 de marzo de 2026 de https://elordenmundial.com/podcasts/no-es-el-fin-del-mundo/en-la-mente-narendra-modi/

Esteban, M. (2025). ¿Qué hace Modi de la mano de Xi y Putin? Una necesaria contextualización. Real Instituto Elcano. Recuperado el 14 de marzo de 2026 de https://www.realinstitutoelcano.org/comentarios/que-hace-modi-de-la-mano-de-xi-y-putin-una-necesaria-contextualizacion/

Instituto Español de Estudios Estratégicos. (2025). La política de vecindad en Asia Meridional. Ministerio de Defensa de España. Recuperado el 14 de marzo de 2026 de https://www.defensa.gob.es/ceseden/-/ieee/la-politica-de-vecindad-en-asia-meridional

Jaffrelot, C. (2023). El hindutva en el poder: la democracia étnica de Narendra Modi. Nueva Sociedad, (307). Recuperado el 13 de marzo de 2026 de https://static.nuso.org/media/articles/downloads/TG_Jaffrelot_307.pdf

Lopez Areu, M. (2018). El populismo hinduista de Narendra Modi: reimaginando la nación india. CIDOB Publications. Recuperado el 13 de marzo de 2026 de https://www.cidob.org/publicaciones/populismo-hinduista-narendra-modi-reimaginando-nacion-india

Wikipedia. Raj de licencia. Wikipedia, la enciclopedia libre. Recuperado el 13 de marzo de 2026 de https://es.wikipedia.org/wiki/Raj_de_licencia

Asia Times. (2025). India’s Modi presaged the global surge in nationalism. [Fotografía]. Recuperado el 18 de marzo de 2026 de https://asiatimes.com/2025/03/indias-modi-presaged-the-global-surge-in-nationalism/

Figura 1. The Caravan. (2014). Portrait of Jawaharlal Nehru. [Fotografía]. Recuperado el 18 de marzo de 2026 de https://caravanmagazine.in/vantage/portrait-jawaharlal-nehru

Figura 2. DW. (2018). RSS: India’s Hindu nationalists spread their wings far and wide. [Fotografía]. Recuperado el 18 de marzo de 2026 de https://www.dw.com/en/rss-indias-hindu-nationalists-spread-their-wings-far-and-wide/a-44588126

Figura 3. Heraldo de Aragón. (2014). Los hologramas de Narendra Modi, el omnipresente político indio. [Fotografía]. Recuperado el 18 de marzo de 2026 de https://www.heraldo.es/noticias/internacional/2014/05/07/los_hologramas_narendra_modi_omnipresente_politico_indio_286408_306.html

Figura 4. Franchise India. (2017). Will PM Modi’s Yoga Award Initiative Open Competition Among Yogapreneurs? [Fotografía]. Recuperado el 18 de marzo de 2026 de https://www.franchiseindia.com/insights/en/article/will-pm-modi-s-yoga-award-initiative-open-competition-among-yogapreneurs.38265

Figura 5. Radar Austral. (2023). El Corredor Económico India-Medio Oriente-Europa: la alternativa del G20 a la Nueva Ruta de la Seda. [Fotografía]. Recuperado el 18 de marzo de 2026 de https://www.radaraustral.com/articulos/el-corredor-economico-india-medio-oriente-europa-la-alternativa-del-g20-a-la-nueva-ruta-de-la-seda-2/

Deja un comentario